«Los siete locos» simboliza, en su carácter de comedia trágica o tragedia cómica, toda destrucción y transvaloración de los valores: un inocente juego de crueldad que no sólo muestra aquello feo, inmoral o falaz… Por el contrario, revela lo terrible-fascinante de la naturaleza humana, en la ineludible tensión entre estar y ser que la habita.

El mundo en Roberto Arlt avizora reducirse a su mera condición de máquina civilizada; hay efectivamente una huída de los dioses ante la cual se impone, como reacción, un plan bolchevique, católico, fascista, ateo y militarista, “en diversos grados de iniciación”, pronuncia el Astrólogo, y que consiste en «levantar el templo de cartón en la montaña para los Elegidos, e instaurar una religión sombría que vuelva a inflamar el corazón de la humanidad”..

En ese mundo arltiano, la ética no sustituye a la religión; contrariamente, en “Los siete Locos” se muestra la fragilidad de las relaciones humanas y su imposible aplicabilidad a causa de la angustia que expulsa a los hombre de sí mismos y los acerca a la desesperación que ignora toda ley: entre los hombres no abunda más que el engaño como inexorable sustento de toda relación posible, pues es claro que «la sinceridad nos conduciría al tedio y al suicidio”.

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